En plena corrección, el metal amarillo ha recuperado potencial alcista.

El precio del oro acumula tres meses de caídas y está a punto de cerrar el cuarto consecutivo en noviembre. La corrección ha llevado el precio del metal en torno a los 1.800 dólares por onza, muy lejos de los máximos de agosto muy cercanos a los 2.100 dólares. Desde entonces la corrección ha sido caso continua, con rebotes escasos y poco duraderos.

Ahora, los inversores están descontado un escenario mucho más optimista para la economía mundial. El relevo en la presidencia de Estados Unidos y, sobre todo, los avances comunicados por las farmacéuticas en sus fármacos contra el Covid-19, han dado un vuelco a las expectativas.

Según datos de Bank of America, los mercados de valores mundiales han registrado entradas de dinero nuevo por valor de 72.000 millones de dólares en dos semanas, cuando el rally de las Bolsas mundiales estaba en pleno apogeo. No hay precedentes de un vuelo hacia el riesgo de este tamaño.

Uno de los grandes perdedores en este movimiento es el oro, que desde que empezó el Covid-19 hasta el verano actuó como gran activo refugio. ¿Es una oportunidad el nuevo nivel de los 1.800 dólares por onza o va a seguir sufriendo la cotización?

Degussa, una de las firmas más activas de Europa en la compra y venta de metales preciosos de inversión, cree que el precio del oro ha retrocedido para volver a coger fuerza. La compañía, que en marzo aumentó un 150% sus ventas de oro físico de inversión en pleno aumento de la incertidumbre por la irrupción del Covid-19, considera que volver a la fase alcista es sólo cuestión de tiempo.

Su economista jefe, Thorsten Polleit, prevé que que el precio del oro puede alcanzar el nivel de alrededor de 2.500 dólares por onza a mediados de 2021, con una banda superior de alrededor de 2.780 dólares y una inferior de 2.310 dólares. Unas estimaciones que implican un potencial al alza del 37% desde los niveles actuales.

«Vivimos en un mundo de muchos y complejos desafíos. Lo más importante es que el coronavirus y las reacciones políticas para combatirlo probablemente tendrán impactos duraderos en el sistema económico y financiero mundial. Se puede esperar que se mantengan las tasas de interés excepcionalmente bajas, el aumento de la deuda pública y un incremento inusualmente fuerte en la cantidad de dinero», asegura el experto.

En estas condiciones, señala Thorsten Polleit, «parece muy probable que el poder adquisitivo de prácticamente todas las monedas oficiales se vea sometido a presión».

Fuente: expasion.com

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